La chispa inicial de GELB

El trabajo debería tener sentido.

No solo porque ocupe una parte enorme de nuestras vidas. También porque cada tarea consume algo valioso: tiempo, atención, conocimiento, creatividad y energía humana.

GELB nace de una pregunta sencilla: ¿estamos utilizando esa capacidad para aquello que realmente merece la pena?

Estantería tranquila con libros y un cuadro enmarcado que dice ideas, personas, proceso, impacto, junto a una planta y una taza de cerámica.

A veces la respuesta está escondida bajo capas de trabajo que hemos aprendido a aceptar como inevitables: repetir, copiar, buscar, coordinar, trasladar información de un lugar a otro. Y otras veces está en todo lo que no llega a ocurrir: una buena idea aparece en una conversación, alguien detecta una mejora, propone otra forma de hacer las cosas… y, entre la urgencia y el trabajo cotidiano, se pierde. Tareas que seguimos haciendo sin preguntarnos si todavía tienen sentido; ideas valiosas para las que nunca encontramos espacio.

La inteligencia artificial nos da una oportunidad extraordinaria para volver a preguntarnos qué merece ocupar nuestro tiempo.

No se trata de eliminar todo lo que una máquina pueda hacer. Se trata de mirar el trabajo con nuevos ojos: distinguir lo que aporta valor de lo que simplemente ocupa capacidad, dejar a la tecnología aquello que no necesita de nosotros y recuperar espacio para pensar, crear, decidir, relacionarnos y hacer avanzar las cosas.

Porque el trabajo funciona mejor cuando tiene sentido para la organización y también para las personas que lo hacen. Cuando podemos reconocer para qué sirve nuestro esfuerzo, aportar algo propio y sentir que nuestro tiempo está bien empleado, es más fácil trabajar con energía, con implicación y, sí, también con ganas.

Quizá la verdadera oportunidad de la IA no sea solamente hacer el trabajo más eficiente. Quizá sea ayudarnos a crear trabajo que merezca más la pena hacer.

Un mensaje personal

Mensaje de la fundadora

La fundadora de GELB apoyada en un cartel junto a un edificio de líneas curvas, sonriendo al aire libre.

Siempre me ha interesado lo que las personas somos capaces de crear cuando tenemos espacio para hacerlo.

Mi trayectoria profesional ha transcurrido en el encuentro entre las personas y las organizaciones: acompañando procesos de aprendizaje, cambio y desarrollo. La llegada de la inteligencia artificial añadió una tercera dimensión y abrió una pregunta que terminó convirtiéndose en GELB: ¿cómo podemos utilizar esta tecnología para trabajar mejor y recuperar tiempo y capacidad para lo que realmente importa?

GELB nace de una pregunta que para mí es esencial:

¿Qué vamos a hacer con todo lo que la IA nos devuelva?

No creo que la única respuesta tenga que ser producir más. Podemos diseñar mejores formas de trabajar y decidir conscientemente qué hacemos con la capacidad que liberamos.

Quizá el verdadero progreso sea conseguir trabajar mejor y vivir más.

Retrato de perfil de la fundadora de GELB junto al mar, con un edificio arquitectónico de fondo.